Removiéndome de la ecuación
Las palabras pierden el significado cuando no representan la verdad, pues la verdad nunca cambia independientemente de lo que los demás opinen sobre ella.
Tenía la misma duda dando vueltas en mi mente, se perpetuaba al observar la gente a mi alrededor, al escuchar el sonido de sus voces expulsando sus opiniones de tal forma que, mi balcón se volvía penumbroso y no podía respirar el aire que entraba.
Afortunadamente todo cambiaba, pues a final de cuentas no era verdad. Y yo sentía el cambio correr a través de mi cuerpo, emanando al final del túnel, y mientras más cerca estaba, más perdido me sentía, con más dudas y menos ganas de continuar. Divagaba entre la sospecha y me agitaban mares de zozobra que se posaban entre mis manos.
Sin darme cuenta, me estaba removiendo a mí mismo de la ecuación, aunque a ratos volvía, temeroso ante las repercusiones que pudiera suscitar. La libertad era alcanzable, estaba a plena vista, pero supongo que eso me asustaba y me llenaba de miedo.
En ello existía solamente una opción, la de habitar bajo el manto de todo aquello que verdad fuese, y que nunca cambiara. Sin imposiciones, sin falsas ideas, sin lamentos y mucho menos rabia o tristeza. Creo que eso era lo importante, por mi parte ya había visto como en toda imposición existía un impulso de resistencia inútil, producto de la negativa constante de no lograr aceptar la realidad como es.
Y lo cierto es que no se podía contrariar de forma alguna la naturaleza de las cosas, y el cambio tenía que empezar desde adentro. Por eso decido escribir esta carta, esperando que en ellas se encuentre la verdad y que estas palabras nunca cambien.
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