El Tiempo
¿El tiempo? No, creo que no he tenido la oportunidad de conocerlo. Más bien, y disculpe usted, no he tenido el honor de conocer a tan ilustre personaje. Algo he escuchado de él, mucho se dice, tanto se comenta que uno se va formando una idea, algo así como una imagen mental de su apariencia. Tal vez tenga el cabello lacio, o quizás no. Yo no sé si sea alto o bajo, flaco o gordo, pero sé que es muy famoso, lo cual me parece gracioso porque siendo la antítesis de un vocero público, ha logrado una fama bastante cuantiosa. Así pues, se encuentra de boca en boca, en decenas de miles de idiomas y dialectos, e incluso está presente en libros sagrados. No cabe duda que el tiempo era reconocido como una figura de suma importancia, es decir, las personas basaban su vida en él, y no me quiero imaginar la cantidad de sistemas de todo tipo que caerían estrepitosamente si el tiempo llegara a morir. Pero no en mi mundo, mi realidad era bastante distinta.
Principalmente me gusta denominarme a mí mismo como un tupamaro opuesto al tiempo, un rebelde de las horas, un asesino de los segundos. Y no conseguía vivir bajo un sistema gobernado por un carcelero sin rostro, que me inculpaba crímenes desconocidos. Confinado, y recibiendo órdenes como, cuánto debo descansar, cuánto tengo que permanecer despierto, cuándo me sentiré agotado. Y yo hallaba todo el asunto tan nefasto y cínico, que mi espíritu libre sólo pudo declararse en rebelión ante semejante dictador.
Así comienza una continua lucha, eterna diatriba expulsada a voz de pecho, con la única intención de despoblar las fauces del monstruo que me mantiene cautivo. He pagado, y he sufrido los gajes de mi oficio, las líneas blancas se han extendido por los costados de mi frente. Mi corazón se retuerce y mi cuerpo se desmantela soportando los desgarros de mi condena. Las cavidades de mis ojos se han marchitado en esta marcha, un incesante desfile contra el sueño, ofreciéndole obstáculos a ese Sr. Tiempo que sólo quiere que la vida se me vaya descansando en esta cárcel.
Cansado de estos barrotes, he decidido escapar, dejando a un lado a mis semejantes, que permanecen entre rejas, susurrando gritos de libertad. En total y completa resistencia me encuentro, ha llegado el momento. Este es el instante, ahora, o nunca, absoluta oposición al tiempo. Basta de dormir, de perder la vida limitándose por las horas. Probablemente el tiempo castigue mi resistencia, la represión que envía contra sus adversarios es un atropello, y un insulto a la existencia. Pero estoy listo, estaré esperando, y si me toca morir, moriré con las botas puestas.
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