Mañanas grises


Mañanas grises, se aglomeran las nubes cubriendo a lo largo y alto el cielo, formando una bóveda temporal que se impone arriba de nuestras cabezas, como un gorro protegiéndonos de los rayos del sol. Las montañas lejanas, de pasto húmedo, color verde vivo, contorneado por altos árboles que forman un diminuto pedazo de paraíso, bordeando un lago que se inquieta con el caer de las gotas de agua.

El frío va conquistando espacio, la visión va haciéndose más limitada con la tempestad, y poco queda sino sentarse a contemplar, extinguiendo el tiempo que pasa, recordando los momentos vividos. Dicen que las mañanas grises son frescas, pero de ello no estoy tan seguro, se dice fácil, pero cuando te encuentras en una casa deshabitada, viendo la lluvia caer frente a un paisaje basto, te das cuenta de que más bien sientes estar próximo a ahogarte.

Cuando el tiempo iba caminando, y me iba haciendo viejo, comencé a notar cada vez más cuán valioso es cada momento. Me agobiaban las mañanas grises, estando yo, condenado a una, atrapado bajo su hechizo, enredado entre sus raíces sin poder liberarme. Desterrado y solo, mirando por la ventana de esta solitaria casa, llena de buenos recuerdos, pero no libre de cicatrices. Sólo yo conocía cada rincón de ella, muy a pesar de que los visitantes juraban conocerla por completo.

En mi exilio miraba por la ventana, el mismo paisaje cada día, cada mes, sin poder de cambiarlo, pues era infactible, imposible e inconsistente. Y cada gota que caía, de esas cientos de miles que se precipitaban, representaban una persona, alguien que conozco, que conoceré, y quien sabe... Tal vez alguien que nunca conozca. Unas más cercanas que otras, pero aún así observaba muchas que caían distantes, mas con todo y eso les brindaba gran parte de mi tiempo viéndolas. Era tonto, conocer el desenlace de cada una, pero aún así conformarse con mirar, e intentar sacar un poco de felicidad de ello. La vida se me hacía extraña, ajena a mí, como si me rodeara evitándome y yo sólo notaba como todo se presentaba remoto, vacío, incompatible, pues como se forma el amor entre el agua y un cuerpo.

Así que sólo tengo algo que decirte, respondiendo a lo que no fue una pregunta, tal vez sí sean frescas, pero estoy muy lejos de estar a gusto.


Lea más en: 
Atemporal
Ficar Viajando
Rasgando el papel

Comentarios

Entradas populares