Grandes montañas

Cuando era joven y me sentía abrumado por todas las preocupaciones, los amores no correspondidos o peor aún, aquellos que eran correspondidos pero imposibles, tenía la tendencia a huir.

Al llegar a mi límite de tolerancia sólo me despertaba y salía sin pensar, sin ningún tipo de reflexión o introspección sobre qué me ocurría, y empezaba a correr por la costa. 

Durante muchos años esa fue la perfecta analogía de cómo mis pasos se precipitaban hacia el futuro alejándose del pasado, separados de la gente a mi derecha y a la vez cercanos al mar de emociones que a mi izquierda se hallaba. 

Constantemente el mar intentaba alcanzarme, sus olas casi tocaban mis pies y cuando realmente no podía contenerme más, estallaba en lágrimas, corría al mar y me sumergía esperando que su etérea corriente tomase mis males y los alejara. 

Así fue como un día estaba tan agobiado por ella, que me sumergí y no volví a la superficie, simplemente me ahogué. Flotando estaba, derivando de un lado a otro por la corriente, iba de un lado a otro, y a su vez simplemente no estaba avanzando. 

Tantas cosas hermosas podía encontrar en el mundo, sólo que decidí no verlas realmente. Supongo que llegan momentos donde nos parecemos al clima lluvioso, pero andamos por ahí sin pensarlo. 

Somos pequeños en comparación a las montañas que dentro tenemos.

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