Sorbo

Sentado estoy en este bar, lugar en el que mis elecciones me han colocado. Sitio totalmente vacío, pesaroso, con iluminación relativa, aunque a veces las luces pestañean amenazantes como si fuesen a apagarse. No existe estabilidad, el aire es seco, vidrios rotos yacen en el suelo, nada puede barrerlos y desvanecerlos, seguirán acompañantes.
 
Espero con ansias un trago, como un alcohólico esperando su dosis, sediento, casi iracundo ante la expectativa, con la mente dando giros y tumbos totalmente ebria mientras no he tomado un solo sorbo. 

El barman no llega, no sé si llegará, y me hallo impotente a punta de esta ley seca. La silla se adhiere a mí, nada puedo hacer por mucho que intento despegarme. 

Tiempo atrás no existían los vidrios en el suelo, las luces no pestañeaban, los tragos iban y venían, todo parecía próspero, hasta que se transformó.
Todo cambia, y sé que estamos en desfase, nuestros tiempos están lejos de sincronizarse. Este recinto se ha vuelto el escenario de dos fuerzas que se van desgastando día a día en maneras diferentes y que chocan en ocasiones muy específicas para intentar sincronizarse. 

En algún momento llegará el barman por esa puerta, aunque no logra verlo, su trabajo se ha convertido en darle sorbos de veneno a este viejo de mente y joven de cuerpo. 

Seguiré pidiendo tragos y él sirviendo, hasta que un día su labor acabe y ya no pueda continuar esperándolo.


Lea más en: 
Atemporal
Ficar Viajando
Rasgando el papel

Comentarios

Entradas populares