Pescador de Sueños

Sentado en un muelle escuchando el sonido del mar, pies descalzos que tocan el agua, manos que reposan sobre la mojada madera y un vaivén de las olas que nunca se detiene. 

La luna ilumina los agigantados pasos que los peces dirigen, recorriendo de lado a lado las corrientes del pensamiento y el oscuro mundo submarino que todos llevan dentro y nadie pretende descubrir. 

Aún así, el pescador de sueños continúa sentado llenando el balde metálico con los sueños que noche tras noche recolecta. No cuenta la cantidad de peces que saca, no observa siquiera sus tamaños, simplemente calla y continúa su labor. 

Siempre apacible, hasta que suele llegar ese típico jalón de alerta del enorme pez que suele invadir su jornada nocturna y que nunca logra sacar de su mente, una espina clavada que perturba sus sueños y que no se deja atrapar. Se resiste a morir y ser catalogado junto al resto en el balde, se niega a ser olvidado y pasar por el filtro de la indiferencia del pescador, por el contrario este pez es especial. 
  
Cada madrugada, el pescador hablaba consigo mismo esperando que el pez gigante no apareciera de nuevo, pero siempre se decepcionaba ante el regreso del mismo. Su alma se envuelve en cansancio tras cada visita al muelle, su mente busca paz.

Algún día las olas dejarán de arrastrar a este pez hasta el anzuelo... O algún día tal vez deje de soñar. 

Prisioneros somos de nuestros pensamientos, manifiestamente presos y sentenciados por nuestros sueños, que nos recuerdan noche tras noche la realidad que tenemos dentro.


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