Capítulo I

La lluvia caía fuerte la noche del sábado, un inmenso cúmulo gris dejaba caer centenares de gotas que se desplomaban flácidas y con resignación por el suelo de piedra de la Plaza Monumental. Triste miraba la luna a ese pedazo de tierra roja, con la brisa que acompañaba el balde de agua haciendo bailar pasos dobles y boleros a las ventanas y puertas de las casas de la capital. Los perros buscaban indómitos refugio bajo los puentes, y el agua se enfilaba en un cauce dividido por calles, avenidas, y veredas.   

En el aire se podía oler el peligro, una amenaza encerrada bajo muros y tejas, separados por cuadras, adornados por puertas. La gente, se encerrada en sus casas, rezaba entre sollozos por la estadía eterna de la tempestad, único imprevisto que lograba apagar el fuego de la árida rebelión. 

La Policía Federal patrullaba la calle, formando una comparsa junto a los remanentes del Ejército, que con indiferencia recogían los muertos que había dejado la contienda. Los restos de botellas, balas, bombas, y los orificios creados en las mejillas de las paredes, parecían importarles lo más mínimo. 

El Ángel de la Muerte se movía silencioso por la plaza, se recostaba de los postes de luz y observaba impasible los sesos que brotaban de los cadáveres. Sostenía un paraguas negro, el mismo color que toda su indumentaria, y se distinguía el cigarrillo que en su mano derecha se consumía. Todo asesino vuelve a la escena del crimen, ésta no era la excepción. Sería recordado por el resto de la historia de esa forma, mientras veía la sangre derramada, invisible ya, desplazarse junto a la corriente, esquivando obstáculos y bañando aceras, ajena a la tristeza y a las lágrimas de los que por la ventana observaban a tan elevadas horas de lo que casi se podía  llamar madrugada. 

El país estaba quebrado, no teníamos plata ni para caer muertos, mucho menos para permanecer tanto tiempo vivos. La ruina parecía disolverlo, pero la lluvia seguía precipitándose insensible bajo el paraguas que se sostenía en la esquina de la Plaza Monumental.  


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