Una carta atemporal

Valencia, Diciembre 21 de 2016

Esto es para ti,


Faltan 17 años, 4 meses y 22 días para el día de tu muerte. O al menos, sé que entre las opiniones que sueles expresar, así lo quisieras. Particularmente, creo que morir a los 40 años no suena tan mal, dicen que los 40 son los nuevos veinte, pero las personas dicen cualquier cosa con tal de sentirse jóvenes, así que siendo tú, no tomaría eso en cuenta.


El mundo se te ha ido pasando al igual que estos últimos 22 años, has decidido cada instante, nada ha sido aleatorio, las casualidades son invenciones. Sé que te preocupa hablar del tiempo, sé que es un enemigo encubierto que en el fondo siempre está presente. Sientes pánico al ver como se evapora cada momento, y eso te hace pensar que nada existe, tan sólo percibes que cohabitas entre un pasado inexistente contra un futuro incierto, o así parece. Tu mente ha perdido capacidad de sustento y tus memorias están en quiebra, poco a poco se ha ido borrando cada momento, como el pasar de un borrador por un enorme cuaderno de apuntes.


Has buscado tu felicidad en caminos erróneos, y no te culpo, lo haría si no hubieses buscado. Las personas te han inculcado que debes ser alguien, como si no lo fueses de por sí. Pocas cosas han tenido sentido, y te has dado cuenta de ello con el paso de los años, mintiéndote cada vez menos a ti mismo, empezando así a ser más consistente con aquello que realmente eres, y no eso que creías ser.


Intentaste imponer en muchas situaciones tu punto de vista, que de hecho es tan errado como cualquier otro, menos mal que vivimos en un mundo donde todos nos creemos controladores pero no existen controlados. Has padecido el dolor, la tristeza, la rabia, y te has movido entre un conjunto de elementos que te has creado a partir de tu auto-concepto, magullando lo que tu llamabas vida y que poco tiene relación con la realidad inherente.


Por todo ello, sólo sé que has viajado, al igual que el resto. Pronto volverás a formar parte de esa esencia de la que nunca te has separado, volviendo a observar directamente de lo único que estás hecho, amor.


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