Compra un boleto
"Hay un chiste italiano muy bueno, acerca de un hombre pobre que va al templo todos los días a rezarle a un santo. Reza a la estatua: Querido Santo por favor, por favor, por favor déjame ganar la lotería. Día tras día, hace lo mismo sin obtener resultados. Al final, la estatua desesperada cobra vida, baja la mirada y le dice al hombre: Hijo mío, por favor, por favor, por favor compra un boleto."
Suspiro, seguido de mucha paciencia y comprensión. No nos queda más que contemplar el paso del tiempo y esperar que nuestras decisiones nos lleven a un final deseado. De lo contrario, podremos gritar esta frase (que suena más a resignación que cualquier otra cosa): "La experiencia es eso que recibes cuando no obtienes lo que quieres".
El chiste que aparece al principio, me recuerda a una persona... Principalmente porque mi visión general de la misma es precisamente la moraleja del chiste. Honestamente, y sin ánimos de ofender, pues dicha moraleja combina también con la mayoría de las personas en el mundo. Sin embargo, tal vez la razón de que no recuerde a el mundo entero sino a una persona, sea debido a que somos más exigentes con las personas que más apreciamos.
El chiste que aparece al principio, me recuerda a una persona... Principalmente porque mi visión general de la misma es precisamente la moraleja del chiste. Honestamente, y sin ánimos de ofender, pues dicha moraleja combina también con la mayoría de las personas en el mundo. Sin embargo, tal vez la razón de que no recuerde a el mundo entero sino a una persona, sea debido a que somos más exigentes con las personas que más apreciamos.
Hace poco vi una conferencia bastante inspiradora, en la que el conferencista hacía referencia a una historia de su infancia. Él enfatizaba el hecho de que cuando era joven y entrenaba en el equipo de natación, su entrenador siempre era muy duro con él. Nunca tenía un comentario amable, del tipo de comentarios como: "¡Que bien lo hiciste hoy, buen trabajo!". Sino por el contrario, expulsaba una sarta de frases como: "Debes trabajar más duro", "Nos falta mucho por aprender", "Esfuerzate más". Especialmente, yo me identifico con esta clase de comportamiento, ya que suelo fijarme con mucho detalle en los problemas y en lo erróneo, porque a final de cuentas, disfrutamos lo bueno mientras trabajamos por mejorar. Además del simple hecho de comportamientos como este (como el del entrenador), suelen ser una expresión de cariño en sí para con las personas que nos importan y las que más queremos, porque tienden a ser esas personas por las cuales nunca nos damos a vencer, y siempre queremos que den lo mejor de si mismas.
Lo que me lleva de vuelta al chiste y a su moraleja, la cual yo reconozco como lo siguiente: "Debemos identificar lo que queremos en la vida, una vez sabido esto, tenemos que armar nuestras decisiones y nuestro entorno en base a nuestras metas. No perder de vista el objetivo, y dejar a un lado lo que no necesitamos y sacar a flote lo que nos lo facilite". Para mi no tiene coherencia querer limonada mientras exprimimos naranjas.
Es común encontrarse con la pereza, así como con las personas que le restan importancia a sus propias acciones. En el ejemplo anterior, se representa esto con la siguiente respuesta: "Luego tomaré limonada, ahora estoy exprimiendo estas naranjas". Creo que no hay nada más poderoso que trabajar a diario por lo que queremos, aprovechar cada segundo para manifestarle al mundo que sabemos lo que deseamos, y que no es un pasatiempo o un trabajo a medio tiempo, sino un objetivo.
Espero que todo aquel que lea esto aproveche su potencial, y no lo desperdicie ni por un instante. Si buscas alguien a quien admirar, admirate a ti mismo y a tus capacidades para lograr lo que quieras.
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