Mantra
Hace poco me encontré a mi mismo siendo un gato, hablando con un ratón frente a frente el por qué mientras ambos estemos vivos, él será el cazado y yo el cazador. La naturaleza de esta conversación, por supuesto, aunque anecdótica, es estúpida, pues sólo basta tener cuatro dedos de frente para dilucidar que un gato carece de motivos para hablar con semejante roedor sobre su propia naturaleza. Sin embargo, como felino de esta anécdota, debo aclarar que tuve semejante plática por motivos de aprendizaje hacia el ratón, y que mirando en retrospectiva, haber tenido semejante conversa sólo me hace reír por dentro.
A propósito de este diálogo que tuvimos, debo decir que fue interesante, pues trataba de lo que significa querer algo, sobre el fracaso y lo errado que se ha vuelto esa palabra en si. Explicaba en ese entonces, que actualmente la idea que se entiende por las palabras "querer algo", hacen referencia a algo así como luchar por lo que uno desea, lo más que se pueda. Sin embargo, mencionaba yo que desde mi perspectiva y bajo mi propia concepción, cuando realmente queremos algo nunca dejamos de batallar por eso, no importa cuán duro nos rechacen, no importa cuantas veces nos cierren las puertas. Pues desear una cosa no se basa en quererla hasta que no haya más opción que desistir, sino todo lo contrario, cuando deseamos algo no hay otra opción que quererlo y no hay punto final que sea capaz de terminar el párrafo. Lo explica perfectamente una historia que terminé leyendo por enésima vez recientemente, más no recordaba del todo.
"La historia dice que este hombre fracasó en los negocios y cayó en bancarrota en 1831. Fue derrotado para la Legislatura de 1832. Su prometida murió en 1835. Sufrió un colapso nervioso en 1836. Fue vencido en las parlamentarias de 1843, 1846, 1848 y 1855. No tuvo éxito en su aspiración a la Vicepresidencia en 1856, y en 1858 fue derrotado en las elecciones para el Senado.
Este hombre obstinado fue Abraham Lincoln, elegido presidente de Estados Unidos en 1860."
Y como dice la moraleja: "La lección es muy sencilla: sólo se fracasa cuando se deja de intentar."
Se dice fácil, más no es sencillo lograrlo, dirán algunos. Mi respuesta a eso, es la misma que le dije al ratón, "sólo tienes que estar seguro de que sabes lo que quieres, pues cuando lo sabes, no hay retroceso, no dejas de intentar". Esta misma lección, estas historias y maneras de pensar o afrontar las cosas, me han llevado a volverme adicto a una frase que ya es mi mantra, "Tenemos que ser tiburones, así amaremos el sabor de la sangre".
Es muy fácil luchar por lo que quieres cuando todo se te da, sólo cuando éstes sangrando y con dudas querrás retirarte, en ese momento te demostrarás una y otra vez que sólo miras hacia adelante, pues no hay vuelta atrás.
Del por qué me hace reír haber tenido esta conversación con tan pequeño animalito, es sencillo, que gato tan filosófico me he vuelto, explicándole a tan especial ratón, por qué siempre estaré tras él hasta tenerlo.



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