Glass Bottle
La función comienza con una pulsera atada al tobillo izquierdo, puesta allí sin razón, ni propósito. Que luego se convierte en una manera de explicar como a pesar de que se levante con el pie izquierdo por las mañanas, lo hace atado a los recuerdos restantes del libro que protagonizó para luego quemar. Y no importa qué, ni cómo, esta pulsera no te la puedes quitar.
No habrán varitas lo suficientemente mágicas, ni armas lo suficientemente drásticas para combatir las fantasías de la mente.
"Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera".
Pareciera que no lo hubieses visto venir, como si todo lo que sube no tuviese que bajar. La fama, el último aplauso, todos juntos se acercan... Y no hay vuelta atrás, solo existe el ahora. Pronto el teatro estará vacío, la cumbre se habrá esfumado, y los boletos serán pequeños rectángulos en el fondo de bolsas negras. Pero con todo y eso, no habrán tijeras que logren cortar el cordón de tu pierna.
Los pueblos fantasmas si existen, no están en Alabama o Texarkana, están en tu mente. Despachos, anaqueles, marcos rotos de puertas, vidrios en el suelo, bombillas quemadas, mecedores chirriantes, grifos sin agua, sillas sin patas. Todos ellos lo conforman, ciudades fantasmas, ciudades que no volverán a poblarse.
Fueron un hogar, los muros eran cálidos y acogedores, ahora sólo son frías paredes que recuerdas mientras cepillas tus dientes y luego escupes.
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Rasgando el papel
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