Iris
Desconocida es, la botella cuyo desconocido y preciado líquido se consume entre plebe e intocables. Chardonnay que se usa para encender parrillas, desmanchar alfombras, y se ve al espejo subestimándose a sí misma, imaginándose más como agua con tinta que cualquier otra cosa. Y digo agua porque de ser Chardonnay, semejante trago sería incapaz de servirse en tabernas tales, que de no tener barra serían villas de Prípiat.
Que el primer arrendatario encontró el agua, y por eso le pertenece, eso sería como decir que Magallanes es el dueño del Estrecho por haber sido de los primeros en cruzarlo, obviando el hecho de que ahora es más que sólo un pedazo de agua.
Mientras se plasman mares y océanos entre páginas de unos y ceros, yo me pregunto: ¿Qué pasará?. ¿Será que la tinta se diluye del agua, y desaparece?, o ¿Será que las uvas fermentan?. Existe esa ansia que se va extinguiendo, un afán de pretender abrir la caja negra para ver que hay dentro. Semejante prisa que se ve limitada recursivamente por las pequeñas, e infelices (en la opinión de muchos) agujas del tiempo, cuya única pista es el acrónimo que recorriendo mentes se desplaza para luego disolverse.
Durante mucho tiempo las agujas seguirán corriendo, ¿quién sabe cuánto?. No recuerdo, en mi caso particular, cuando fue la última vez que había hecho las paces con el karma, y dejado de pensar en el tic-tac como si fuese el oxígeno que a mis pulmones llenase... Yo sólo sé, que mientras exhalo el aire de este momento, no querré que cuando te vea a los ojos y te pregunte si estás listo para que tu iris se rasgue... me digas que detenga el tiempo.



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