Caracoles

Grande es la verja que separa a la calle del interior, avenida despoblada no por falta de casas sino por el cauteloso manto que envuelve a la morada que frente de ella se encuentra. Erguida, mirada baja, un pie frente al otro y con posición cansina, contempla las cuatro paredes que misterios esconden. Aún indecisa por entrar, no por falta de convicciones, sino por miedo a las consecuencias.

Cuentos corren, rumores hablan del poder de lugares como éste, muchos los consideran el origen de todas las respuestas, la respuesta a todas las preguntas. 

Pequeños patios son la antesala que se ornamenta con las figuras álgidas e imponentes de los más emblemáticos próceres, los más poderosos y temidos, un grupo salvaje de estatuillas que forman un lúgubre concilio que atrae las miradas más curiosas y provoca las reacciones más extrañas. María Lionza, acostumbrada a encabezar semejantes juntas, rasga con su imponente presencia la primera impresión de los visitantes que a esta casa entran. 

Son estrechos y extraños, los recintos de este sitio, que se ven anticipados por las mesas de ofrendas que los ciñen. Reducidos altares con cráneos, cuernos, y restos de alimentos que el mismo diablo se ha dado a la tarea de ingerir por las noches, cuando nadie vigila. Amplia es la bóveda de estrellas caídas que circunda el techo, un grupo de relieves hoscos que se alcanzan subiendo la abrupta escalera, que abriéndose paso va, y al trayecto interpone. Todo parece normal, sólo es otra vieja y enigmática casa, con libros antiguos en los rincones y olvidados focos, que tras años de uso, su luz han perdido; pero tras bastidores, no todo es tan simple como parece. Nadie logra ver las sombras que ninguna luz logra disipar, pocos son capaces de oír el susurro de los fallecidos que circula, y menos aún observan los pequeños morenitos que te halan por los tobillos, rogando que subas al segundo piso. 

Este ambiente es el que la empapa, a ella, que decidió dar pasos hacia adelante y no en reversa, y que ahora, sentada en la habitación blanca con  ángulos negros, se encuentra cara a cara con la respuesta de... ¿A dónde fue a parar Doña Bárbara cuando de El Miedo huyó?


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