Colibrí



Bajo mi techo descubrí la sangre, se derramaba en cada plato, manchaba cada cuchillo, y se solapaba con la oscura ignorancia que teñía nuestras mentes.


Paseaba una tarde por unos campos que se hallaban a unas cuantas zancadas de mi casa, cuando encontré un bloque cuadrado, ligeramente parecido a una fábrica... o más bien eso era. Poca gente pasaba por allí, no sólo por no ser un lugar de poco interés turístico, sino que albergaba en su interior vapores negros con químicos blancos. El paso a tal lugar no estaba prohibido, pero algo hacía que simplemente nadie quisiese pasar. 

— Campos, eso estaba viendo, campos de concentración. 

Cubriendo cientos de hectáreas, los montes que ya no crecen junto al aire pesado que se respira. Es el hedor de la muerte que se expande por millas albergando millones de rehenes. Ellos ya no sienten su cuerpo, no hay espacio, están tan apiñados que no pueden moverse. 

La parca está rondando, entre las rejas que los encierran se esconde. El dolor los cubre enteramente, una mezcla de sangre, lágrimas y heces. El fondo tocan, la peor tortura habitan, una tortura que nadie merece. 

Me torturan — dice uno de ellos —, por más que grito no me escuchan... son pocos los que logran escucharme. ¿Hasta cuándo será? ¿Hasta cuándo el débil es el oprimido? Entre máquinas de acero y barrotes de metal me hallo. La cinta me transporta, ojalá la cámara de gas me esperase, pero mi muerte es más lenta, dejan que el pesar me invada a cada instante, creen que mi muerte es necesaria. Tanta muerte, se cubren de ella y nos cubren a nosotros, no hay vuelta atrás, parece que seguirán matando, cada día, cada segundo que pasa muere otro esclavo. 

La sabana se tiñe roja, como un mar muerto, un vertedero de vísceras. El tren, de los ahora judíos, va marchando. Sus pezuñas, sus narices rosadas, las ubres en su estómago, o las plumas en su cuerpo se dejan ver. Cada día hay más judíos, cada vez hay más nazis... pero siguen existiendo aquellos que ayudan al oprimido. 

"El bosque está en llamas y mientras todos los animales huyen para salvar su pellejo, un colibrí recoge una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego. 

—¿Es que acaso crees que con ese pico tan pequeño vas a apagar el incendio? — le pregunta el león.

—Sé que no puedo solo — responde el pajarito —. Pero estoy haciendo mi parte."


Lea más en: 

Comentarios

Entradas populares