Leona

Acostada en la cama, sin poder dormir, sin poder despejar mi mente mirando al techo. Noté entre mis peroratas mentales que el frío me helaba la sangre, pero la cobija era corta, y no lograba decidir si cubrir mis congelados pies, o cubrir mis desnudos pechos, tal vez si mi vecino pudiera verme a través de las persianas me sugeriría una respuesta obvia que ya conozco.
Mi mente trastabillaba entre las desilusiones y los desasosiegos sin encontrar calma. El futuro estaba a la vuelta de la esquina, un futuro inquietante y aterrador. He trabajado por conseguir estas oportunidades, han sido años de esfuerzos que nunca hubiese creído que terminarían de una forma tan tosca, tallando paredes de sacrificios y esculturas de tristeza. Muy similar a una leona, traviesa y juguetona de pequeña, pero con los años va perdiendo el brillo de sus ojos, hasta que finalmente no la reconoces y te muestra su mirada más feroz. Así me sentía, perdiendo la esencia de forma voluntaria, no por producto de la madurez o la edad, era por decisión propia.
Todas mis decisiones han sido tomadas sin ver hacia atrás, desechando las tizas negras y manteniendo guardadas las acuarelas. Durante un tiempo fui una persona inocente, que pintaba con brillante óleo, dispuesta a dar todo mi amor si mi instinto me lo pedía... Ahora todo es distinto, siento lástima por aquellos que lleguen a mi vida dándome todo su amor, así como yo solía hacer un tiempo atrás; de verdad, lo siento, pero ya nada queda. Cuando me miro al espejo cada día no veo al cordero con mirada triste que al matadero se dirige, veo una leona con sangre entre los colmillos.
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