El Soñador
Blasfeman y condenan a los escritores, cuando de sus poemas y escritos hacen un confesionario de sus propios tormentos, como si uno no tuviese suficientes problemas para estar leyendo los conflictos de otro. Pero yo conozco un escritor, de esos de lápiz sobre la oreja y con cuaderno en mano, que por la vida anotando posibles ideas va. Una de esas almas incomprendidas, y que carece de deseo de que se le entienda, mas no por eso huraño para con los demás. Este sujeto atípico, romántico de la prosa y escudero del verso, iba componiendo coplas, o vociferando reflexiones hasta que la inspiración le llegase, y por dedicarse a tan inusual actividad, fue escuchado por un grupo de gente en la Plaza Bolívar de Caracas.
Así fue como la "fama" le llegó, y dedicóse a derrochar su sabiduría todas las tardes después del almuerzo, para todo aquel que quisiera acercarse. Poco se sabía de él, ni tan siquiera su nombre era conocido, sólo que se le apodaba "El Soñador", y que entre sus versos estos se encontraban:
Dios se aguante
Y que mal vicio me quebrante
Antes de que por mal lance
Una piedra del destino, los sueños me aparte
Que el que escribe es porque fantasías se le imparten
El Soñador era un tipo triste y cansino, con angustias y desvelos acumulados, todo a causa del miedo a dejar de soñar, pues creía que los escritores son unos inconformes con la realidad, y es por eso que tienen que plasmar sus sueños en pedazos de papel. Por eso repetía en numerosas ocasiones, pidiéndole a Dios que sus sueños no acabaran, y que el carbón continuara su paso por el papel.
Que hombre tan asediado por el miedo, me decía a mi mismo, pues yo lo juzgaba un tanto por esta razón y por considerar que uno o dos tornillos le faltaban. Pero lo seguro era, que mal que bien disfrutaba de escuchar sus largos discursos mientras en alguna banca me sentaba, y el postre de la tarde en mi boca se aplastaba.
Pasado un tiempo, y tras una moderada ausencia de mi parte por aquella Plaza, llegó, para mi sorpresa, la noticia de que El Soñador muerto se encontraba. Y de lo que pude averiguar con aquellos oriundos a las cercanías de la Plaza, perdió la vida súbitamente mientras recitaba una de sus reflexiones, sólo que en aquella ocasión mencionaba con tristeza que Dios le había quitado los sueños.
Cuentos de mal gusto rumorean que por las noches se ve en el centro de la Plaza, un hombre parecido a El Soñador, que mirando el cielo va... tal vez buscando sus sueños al contemplar las estrellas. De cualquier forma, y lo que es cierto, es que pocos somos los que recordamos a aquel personaje de tan singular andar y tan característica voz, que en la Plaza Bolívar a los demás alegraba.



Acabo de leerlo.Una vez más quedo sorprendido por la calidad.El fondo, aunque casi desarrollado poéticamente,le siento como siempre el dejo de melancolía tristeza o depresión.No descarto la posibilidad de que sea yo el afectado por los sentimientos señalados.
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