Bucle

Cargo un bucle de una canción con tu nombre, no se por que, ni se donde empezó, tan sólo sé que el volumen oscila como el pulso que me recorre. Una balada que pesca mis lágrimas, no se si me arrastra o me deriva, sólo sé que los peces se esconden.

Es la ira, la fatalidad del mar que con sus olas te agita y zarandea a manera de restos de barcos que flotan sin vida, sin peso ni rumbo, sólo queriendo desaparecer. Desdichadas aguas incapaces de traer consigo embarcaciones repletas de abundantes cargas, y mandar indeseables lastres a costas lejanas. Pronto llegará el día, en que la arena gobierne a la marea alta, y se imponga como el sol se levanta luego de fallecer la noche.


Delfines aplauden cuando le doy la vuelta al bucle, y tormentas ahogan cuando éste se mantiene. Lluvias ácidas, o alcalinas, ya no lo sé... si algo he de saber es que la brisa me empuja hacia al timón, pero no maniobraré. Aquí me quedaré escuchando el cantar de las sirenas que lágrimas arrastran, el pesar de los peces que muertos en la orilla descansan. Y si he de morir, que mi muerte sea por falta de agua.

De costa a costa he recorrido puertos, ciudades y villas, más ninguna tan acogedora como el pálpito que se siente cuando recibes una sorpresa. Algo me incomoda, una necesidad inverosímil por darle la vuelta a mis propias velas, pero aunque el mar me lo pida, seguiré estando en la misma costa.


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