Araña

El pasado mes de Mayo intentaba, como de costumbre, hacer mi trabajo y terminar todo lo que pendiente estaba, cuando escuché a mi esposa Karina gritar desde un lugar desconocido de la casa. Cuando por fin di con ella, noté que salía del baño y exclamaba: "Había una araña en el baño y la he matado". Luego de unos días, entendí que no era una araña lo que mató, era mi tío Joey. 


Menos mal, pensé para mis adentros... Y es que todavía le guardaba cierto rencor, ya que en mi infancia, mi tío me había convencido de que mis amigos de la escuela eran ratas. Al principio sólo me parecían idioteces, pero luego se apoderó de mi y empecé a ver sus colas cuando salíamos de clases, o sólo podría escuchar chillidos cuando me hablaban. 

Cabe destacar que, volviendo al asunto anterior, sólo me queda enfatizar lo tenaz que es mi mujer. Hace tan sólo unos meses íbamos caminando por una calle con grandes árboles en las aceras, cuando de repente una rama del árbol le cayó en la cabeza. Para mi fue una gran escena y un motivo para reír por un buen rato, empero no contaba con que al día siguiente, la cena sería ese mismo árbol, que mi esposa con gusto había talado por la mañana, y ahora me lo presentaba para que me lo comiera. Lo que es peor, aún no digiero el tronco por completo.

Podríamos pasar horas hablando de cuentos semejantes, pero por los momentos, cerraré con broche de oro con el siguiente... Hace unas semanas justamente, a Karina se le retrasó el período, y fue más que sólo un momento alarmante para nosotros, debido a que por las siguientes dos semanas viví un par de episodios traumatizantes cuando iba al baño, y se me atoraba el cierre del pantalón al subirlo. Sólo recordar el dolor que sufrí me hace lagrimear. El punto es que, luego de que nos cercioramos de que no estaba embarazada, me confesó que saboteó todos mis pantalones para que me ocurriera la situación antes comentada. 

Por las noches me encuentro a mi mismo dando vueltas pensando si sería correcto traer al mundo criaturas que provengan del vientre de semejante mujer. Y no me malinterpreten, amo a mi mujer (de alguna forma que para muchos es rara y perturbadora), pero no sé si posea la fuerza para vivir con el diablo y el anticristo bajo el mismo techo. Tal vez debería dejar de escribir, empacar, y largarme a la Iglesia, donde seguramente ella no podrá pasar. Los mantendré al tanto.


Lea más en: 
Atemporal
Ficar Viajando
Rasgando el papel

Comentarios

Entradas populares