Castillo

Tres solitarias y hermosas mujeres se paseaban por un tenebroso castillo. Día y noche, sin descanso, recorrían escaleras, habitaciones, jardines y salones. No sabían a donde se dirigían, y cada una de ellas pensaba distinto con respecto a cual era su destino, pero el hecho es que todas estaban en camino.

Estas tres bellas damas se llamaban Tristeza, Alegría y Realidad. Hermanas de la misma madre (aunque sin conocer semejante hecho), pasaban el tiempo discutiendo, opinando y debatiendo sobre el sendero que recorrían en un momento en particular. 

Cada una tenía una personalidad dominante en momentos indefinidos, lo cual generaba situaciones como Tristeza opacando a las demás, o Alegría silenciando al resto. Realidad, sin embargo, permanecía mas constante que el resto, mas definida, pero no por eso dejaba de sufrir las inconsistencias de las otras. 

Un día, mientras caminaban por el jardín bordeando el lago, Alegría y Tristeza empujaron a su tercera hermana a la gran masa de agua. Ambas adoptaron una mirada siniestra y por un momento estuvieron de acuerdo mientras se vanagloriaban de su éxito al ver a su compañera morir. Así fue como la constante Realidad fue asesinada por Alegría y Tristeza. 

El tiempo continuó su paso, y quedaron dos polos totalmente opuestos recorriendo estos pasillos de idas y venidas. El castillo se convirtió en un lugar indefinido, un lugar cálido y frío, un recinto tenebroso y excitante... un espacio donde nadie podía habitar.

Con la llegada del mañana, Alegría y Tristeza se fueron secando como las hojas se secan en Otoño. Ya no importaba cuantas veces habían recorrido el castillo, o cuantas veces discutieron.

Por la mañana nadaron con los peces, dejaron sus problemas en la arena... Y para cuando el sol se escondió, no eran nada sino polvo, sólo la línea de sus manos permaneció.


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