Bombillo
Querido Alan, te extraño...
Me refiero al antiguo tú, no al melancólico que se deleita escuchando música triste y escribe en las paredes, ese no. Hablo del viejo, alegre y fantasioso tu, lleno de vida y dudas. Esta nueva persona que eres a veces no me agrada, siento que crees que has vivido todo lo que tienes que vivir, y que pasas demasiado tiempo extinguiendo cada segundo como si careciera de valor. Pasas la vida con un ritmo lento y aún así fugaz... Te has vuelto tan frío todo el tiempo, y tan cálido de repente.
Quisiera poder ver tus ojos brillar de nuevo, aunque sea una vez, y que no estuvieses tan seguro de ti mismo, y tan convencido de que cada instante que vives es parte de una fórmula ya escrita. Te conozco de verdad, y sé que piensas que los demás creen que estás viviendo, pero yo puedo ver a través de ti. Sé que con el paso de los años, el viento se llevó parte de tu esencia, el invierno te heló.
Me alegra que cuando estés con ella puedas desconectar el vacío que llevas dentro, aunque sea por un segundo. Lamento que el tiempo se te vaya tan rápido y que los recuerdos se borren de tu alma tan fácilmente. Espero que de todo esto quede algo bueno, y no que pases por la vida pensando que fue una película para ver sólo una vez.
He sentido esto mismo tantas veces, estar bajo esta misma lluvia que por un momento me hace pensar en refugiarme, pero luego recuerdo que ya me acostumbré, se ha convertido en una ducha para mi.
El silencio viajaba a mil kilómetros por hora aquella noche que te fuiste, cuando te desviaste del camino, y con el paso de las horas, decidiste ver el amanecer como la simple y corriente luz que aparece al encender un bombillo.


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