Arena
Siente la arena entre sus dedos, juega con ella, hundiendo sus pies en la arena semi mojada, como chapoteando. Dando pasos va, y su cabello agitándose por la brisa está formando ondas, creando líneas, desprendiendo su delicioso aroma que con el viento se va disipando. Bordeando el ir y venir del agua en la orilla con una sonrisa. Así lucía la felicidad.
Acababa de llegar a casa, así es como pude mirar tan hermosa escena. Ella reía... ese sonido tan hermoso que me hace quebrar por dentro. Nuestra casa tenía una vista espectacular (más ahora con semejante ángel en ella), de esa clase que te hace erizar la piel a cualquier hora del día. Era el cielo.
Se llamaba Marie, era la luz de mis ojos, la persona más hermosa que he conocido y quien me hizo ser quien soy. Desde que la conocí cambió mi mundo, no por ser de esas personas que te descontrola, o te saca de tu elemento. Ella era todo lo contrario, me centraba, me hacía sentir que eramos uno.
Marie era una paciente terminal...Cuando pienso en ella, me cuesta describirla como una persona, fue más bien una gladiadora. Nunca se sometió a ningún tratamiento, cuando supo que estaba enferma fue el día que decidió casarse conmigo, alquilamos una casa en la playa... y esperamos la muerte. A veces sentía que yo estaba enfermo y no ella, porque yo lloraba, me sentía frustrado con la vida, sentía molestia. Pero ella siempre me sonreía, me hacía sentir mejor, con ese brillo en sus ojos y esa manera de estar alegre sin importar nada. El tiempo avanzó y por lo poco que sabía, el cáncer estaba bastante avanzado y se había extendido del colon a otras partes de su cuerpo.
He estado soñando con ella desde hace un año, siempre es el mismo sueño, el mismo recuerdo, sólo que mi sueño no termina como en realidad ocurrió. Ojalá hubiese terminado así, conmigo viéndola caminar en la orilla... Y no perdiéndola. Si hay algo que nunca entenderé de esta vida, es lo injusta que parece ser a veces. Nuestro tiempo es limitado, cada segundo más es un segundo menos, y no importa cuan poderoso seas, todos nos quedamos sin tiempo.
Quisiera que hoy estuvieras aquí, que pudieras escuchar como me fue en el día, que pudiera verte sonreír de nuevo y escuchar tu risa, quisiera poder decirte tantas cosas... Sé que algún día te veré jugar con la arena de nuevo, y no será un sueño.
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Rasgando el papel
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