Teclado
Recostado en un diván, con un sujeto de poco más de mediana edad sentado frente a mi, diciendo en voz muy tenue: "Empieza desde el principio". Ojalá supiera el principio, pensaba para mis adentros, mientras unos ojos que se esconden tras unos lentes, esperan con semblante paciente a que yo comience a relatar la historia melancólica de la semana. Siempre es la misma situación, la razón por la que me hallo sentado aquí... siempre es la misma, sólo que ya no se desde que punto mirarla para que su final me favorezca.
El tormento diario no era costumbre, eso sería enigmático... Lo que es una pesadilla son sus fluctuaciones, sus mareas y corrientes eternas que hacen que mi cerebro se trastorne. Matices cuyo tornasol se me hace desconcertante. Tanta oscuridad combinada con tanta luz, es en sí una inconsistencia, un fenómeno insólito que socava mis bases y me hace caer.
Recostado me encuentro, y recostado seguiré... Promoción válida hasta que me canse. Cansancio tan perverso que me hace sentir exiliado del mundo, incluso en una habitación atiborrada de gente.
A veces pienso que ya no puedo más, que el mar se seca y es inevitable que sólo quede la sal. Cada día que pasa se nota como el sol de mis pensamientos actúa en favor de dicha causa. Espero que el karma me tenga en cuenta y no que me mande al fondo de un abismo. Debieron llamarme "paciencia", o "locura", quizás esa sea mi composición, 90 por ciento paciencia, 10 por ciento locura.
La locura de mi paciencia no es lo mismo que la paciencia de mi locura. Si hablamos de la primera nos referimos a mi enfrentamiento con el diablo sólo por capricho, si tocamos la segunda, nos referimos a que en vez de estar lidiando con la escopeta del rincón... me estoy matando con la teclas del teclado.
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