Paganini

Por las mañanas despierto con ese humor de perro, intolerable, vacío y desagradable, a causa de sentirme en una extraña competencia por conseguir algo. Luego me tranquilizo al recordar que la palabra competencia sólo tiene coherencia cuando los participantes de ésta son relativamente iguales en una o más categorías. En ese momento noto que se trata más bien de un evento cuyo resultado ha sido predicho por muchos, y que ya no se trata de una carrera por alcanzar algo, sino un interludio antes de terminar la obra.

Me sentaba tranquilo, Paganini en el aire, así se calmaba el trajín que por dentro tenía. Me causaba risa observar por la ventana a los intelectuales, indigentes y al vulgo en general, que de seguro en más de una ocasión se han preguntado a si mismos el significado de la vida. Falta de materia gris para observar que todo se basa en patrones, así como los millones de espermatozoides que compiten por llegar a un óvulo... Y sin embargo, algunas personas no ven que escenarios como ese se repiten en la vida diaria muy a menudo y de muchas maneras.

Mi padre, por ejemplo, era incapaz de dejar a un lado la idea de hacer planes. No era capaz de discernir la lógica, y aún así maravillosa conclusión de que los planes son sólo fruslerías. Mi madre siempre lo golpeaba en la cabeza cuando planificaba su agenda y sus actividades... Y siempre le decía lo mismo: "La vida es eso que te ocurre mientras estás haciendo planes, así que deja de planear". Sin embargo, como muchos ya habrán previsto, él seguía en su insensata labor de organizar cada segundo. 

Con mis padres ocurrió el error típico, el segundo patrón de la vida que nadie quiere aceptar, la segunda ley de la termodinámica: "Con el tiempo, todo se vuelve una mierda". Pero todos creen ser la excepción y quieren anular al tiempo, como si fuese Dioses del Olimpo. La absurda noción de que el amor es algo que nace y no que se cultiva. 

Yo me cansaba de mirar por la ventana a esos pedazos de carne caminar, así como ellos se cansarían de que yo los vea (si estuvieran al tanto de eso). Lo importante y lo más natural de todo, era que no importaba lo que hiciéramos... El mundo seguía girando.


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