Prisionero


Hay días que despertó sintiéndose libre, no todo el tiempo fue un prisionero, no siempre estuvo encerrado. Cuando nació fue libre, durante muchísimos años lo fue, sólo que no fue consciente de su libertad hasta que ya era tarde, cuando ya se había esfumado. 

Este era un hombre cauteloso, difícil de entender, complicado, implacable. Un hombre sin humanidad, una persona de piedra... Pero todo se deshizo, como una pirámide de naipes que se cae una y otra vez. Llegó un tiempo en el que carecía de defensas, de escudos y de armas, simplemente se cansó de defenderse y se entregó al riesgo de hallarse expuesto. 

Cansado de tener las puertas cerradas y de vivir con paranoia, vivir temiendo. Mientras más tiempo pasaba, más expuesto se encontraba.  Pero tanto se mostró, que empezó a perderse a si mismo, su mente empezó a volar demasiado alto y sólo era cuestión de tiempo antes de que se desplomara. Por eso decidió ponerse a si mismo en una prisión, una cárcel para sus pensamientos. Le sentenció a su mente cadena perpetua. 

Al comienzo no fue sencillo, la cárcel exaspera en los primeros días, las primeras semanas, los primeros meses. Piensas en lo que harás cuando salgas de prisión y eso te hunde por dentro. Sólo con el tiempo te limitas a pensar en el hoy, porque si no lo haces, enloqueces al volar tan alto, al volar tan lejos. 

Ícaro por fin aprendió que no podía volar tan alto y prefirió quedarse prisionero en su isla, nadie sabe si es lo mejor, sólo saben que al menos está vivo y que ya no tiene miedo de estar expuesto, sólo tiene miedo de caer.


Lea más en: 
Atemporal
Ficar Viajando
Rasgando el papel

Comentarios

Entradas populares